Comité para la Infancia y Adolescencia

Objetivos del Comité para la Infancia y Adolescencia

Este programa tiene por objetivo formar psicoanalistas, que estén capacitados para:
1.- Psicoanalizar a pacientes entre dos y dieciocho años, de acuerdo a las normas vigentes de nuestra Asociación.
2.-La aplicación social de estos conocimientos en instituciones que tomen a su cargo a este grupo etario.
3.-Realizar investigaciones en este campo.
4.-Asegurar que los analistas de niños y adolescentes formados en éste insituto, se rijan por los principios éticos que identifican nuestra institución, especialmente aquellos específicos del trabajo con niños y adolescentes.

Coordinadora : Ps. Lilian Hitelman
Secretaria : Ps. María Viviana Castro
Coordinadora de
reuniones clínicas
: Dra. Elena Castro
Integrantes : Ps. Margarita Baldrich, Dra. Mónica Bruzzone, Dra. Constanza Buguñá, Dra. Elena Castro, Ps. María Viviana Castro, Ps. Lilian Hitelman, Ps. Milka Kaplan, Dra. Gloria Muñoz, Dr. Patricio Peñailillo, Dra. Ximena Riveros, Ps. Eugenia Valdés, Ps. Yubiza Zárate.
Campo de actividad

La tarea del psicoanalista de niños y adolescentes es de gran importancia, tanto en el aspecto curativo como preventivo de las patologías psiquiátricas que comprende dichas edades. Mientras más precozmente se diagnostiquen las anomalías o dificultades que presenten los menores en desarrollo, las metas psicoterapéuticas son más alcanzables debido a que las defensas mentales no están tan estructuradas o rígidas como las que se encuentran en pacientes adultos. Los análisis de niños y adolescentes les permiten a ellos retomar su desarrollo en forma más plena e integrada y evitar sufrimientos innecesarios. Otra tarea importante es el trabajo con los padres.

Teoría

Un aspecto importante de la teoría es el que se refiere a la formación del aparato mental que se inicia con el nacimiento y se consolida en la adolescencia. El trabajo del psicoanalista requiere conocer muy bien este proceso de desarrollo. El ser humano nace en una situación de gran desvalimiento. Para sobrevivir requiere de la formación de un aparato que le permita manejarse a sí mismo y relacionarse con otros seres humanos y con el mundo que lo rodea en general. Para esta tarea está equipado con su potencial genético que lo capacita para este desarrollo. Después de nacer su vínculo mental con la madre le permite completar este desarrollo. La madre puede contener las emociones intensas y extremas del bebé, mitigarlas y darles un sentido. Esta función de la madre, o si ella no está, del adulto en el rol materno, ha sido llamada por Winnicott “preocupación maternal primaria”. Sin ella el bebé no puede sobrevivir. Las vivencias de esta relación son introyectadas y el bebé se identifica con ellas, son sus objetos internos, que van configurando el aparato mental. Junto con la relación materna, otras relaciones van tomando importancia para el niño; en primer lugar con el padre, luego las relaciones fraternas, y más delante las relaciones con otras personas con las que interactúa.

El Yo, que relaciona la mente del niño con el mundo externo a él entra en funcionamiento desde el nacimiento. En los primeros meses es muy rudimentario y requiere de un yo adulto, como ya se dijo, para sobrevivir. En la medida que vayan madurando las funciones psíquicas del bebé, y este experimente frustraciones naturales y posturas de límites a sus impulsos, es capaz de percibir mejor la realidad. Así va tomando progresiva conciencia del mundo que lo rodea y va pudiendo diferenciarse de la madre, reconociéndose así mismo como alguien aparte y distinto. Las experiencias buenas, satisfactorias y las malas frustradoras que pueden ser sentidas como atacantes, son registradas y representadas internamente. Los límites que se le imponen, las normas y valores, pasan a ser propios al identificarse con ellos. Esto va configurando el súper-yo, instancia que impondrá ahora las reglas desde su propia personalidad, así como también marcará las aspiraciones y metas que se quieren lograr.

El niño va buscando las formas de manejar la impulsividad agresiva y sexual. “A medida que el niño crece, el yo y súper-yo continúan desarrollándose e influyendo sobre su forma de conducta. En las sucesivas fases de su desarrollo la naturaleza de las expresiones instintivas del niño y su capacidad de demorar o modificar su descarga, que son tareas del yo y súper-yo, determinan la estructura de la personalidad” (3).
Hay diferencias individuales en diversos aspectos constitucionales. Los niños manifiestan amplias diferencias en el grado de desarrollo de su yo” (3). La interacción madre-hijo, y luego con el padre son los factores más importantes, influyen también las características madurativas de su SNC, capacidad intelectual, salud física, etc.

Las características del súper-yo están determinadas, por un lado, por factores constitucionales: alto grado de impulsividad agresiva lleva a formar un súper-yo más fuerte y punitivo, y por otro lado, por valores, normas y actitudes de los padres, que son introyectados. Se puede dar toda una gama de posibilidades. Si los padres son emocionalmente perturbados influirán en la formación de un súper-yo patológico que puede ser muy castigador, extremadamente permisivo o tener otras distorsiones.

A medida que el niño se va desarrollando entra en contacto con mayor número de personas que influyen en modular su equilibrio emocional. La escuela, con sus relaciones de compañeros y profesores es de gran importancia en la niñez temprana y tardía (6-12 años). Así también las actividades sociales, culturales y deportivas en que el niño puede participar.

El transitar por la adolescencia significa una regresión y la vuelta a funcionamientos más tempranos que se reviven en el primer tiempo de esta, un alejamiento de los objetos paternos introyectados, y un consiguiente debilitamiento del súper-yo. Posteriormente irá formando nuevos objetos internos más acorde con la realidad. Por este motivo la adolescencia presenta una oportunidad de mejoría natural gracias al proceso del desarmado y rearmado de la mente. Cuando esto no ocurre es necesario un tratamiento. Sin embargo el acercamiento terapéutico al adolescente es difícil, por el alejamiento y rechazo de los padres, es transferido a otros adultos que se acerquen para evaluarlos y ayudarlos.

Sin embargo, el sustrato básico está ya estructurado, el nivel de organización de la personalidad potencial del niño se determina durante las primeras fases del desarrollo. Es importante agregar que este sustrato básico está sujeto a una evolución, los rasgos pueden mantenerse en una misma línea, pero también cambiar a veces a rasgos bastante opuestos, dependiendo de la interacción que se dé con el ambiente.

Otro aspecto central de la teoría psicoanalítica es el que se refiere a la Psicopatología. Podemos clasificar la patología mental infantil de acuerdo al grado de estructuración mental que presente el trastorno. Una causa frecuente de síntoma en los niños es debida a cambios evolutivos (ansiedad ante extraños, a los 8 meses, ansiedad en la adolescencia) o a una respuesta a situaciones de estrés, por ejemplo a separaciones de los padres, hospitalizaciones, muerte de un familiar, etc. Los síntomas en estas situaciones son considerados respuestas sanas. Si estos síntomas son muy intensos o duraderos se consideran un “trastorno reactivo”. En ellos siempre hay una causa externa determinante. Un grado mayor de estructuración supone un conflicto interno, entre instancias del aparato psíquico (yo, ello, superyó) como causa de los síntomas y no un conflicto con la realidad externa. Se habla en estos casos de un trastorno neurótico. Se pueden presentar desde la edad preescolar, apareciendo más claramente estructurado a partir de la etapa de latencia (edad escolar). Otra forma de estructuración es el trastorno de personalidad neurótico que corresponde a un cuadro en que un conflicto interno se expresa a través de rasgos de personalidad (por ejemplo: orden o limpieza excesiva) y no con síntomas. Cuando el aparato mental no ha logrado configurar un yo fuerte que distinga bien realidad de fantasía y un superyó que ponga límites, pero que no sea cruel y destructivo, se presentan los cuadros de personalidad limítrofe. Se pueden ver en los niños desde la edad preescolar.

Los cuadros psicosomáticos corresponden a la expresión corporal de un conflicto psíquico, los que se pueden presentar a cualquiera edad y son frecuentes de ver en la clínica infantil. Un tipo de trastorno psicofisiológico funcional, sin daño tisular, es frecuente en los primeros años de vida, como vómitos, cólicos, trastornos el sueño. A partir de la edad escolar se pueden dar los cuadros psicosomáticos, que incluyen daño tisular. Estos trastornos en general indican una dificultad en la mentalización de los conflictos de modo que ellos se expresan a través del cuerpo. Se puede decir que son las defensas psíquicas más peligrosas porque pueden poner en riesgo la vida. Los pacientes psicosomáticos no tienen conciencia de enfermedad psíquica, esta dificultad se aprecia tanto en el niño como en sus padres.

Los cuadros psicóticos de los niños, que habitualmente tienen un fuerte componente genético, pueden hacerse evidentes desde el comienzo de la vida, generalmente durante los primeros años. Otra edad especialmente delicada en cuanto a la aparición de psicosis, es la adolescencia debido a los cambios mentales estructurales naturales de esta etapa.

Esta forma de ordenar la psicopatología es un aporte que puede hacer el psicoanálisis a la psiquiatría de niños, cuyas clasificaciones nosológicas son todavía insuficientes. Esta visión nos permite hacer un diagnóstico dinámico, estructural y genético.

Técnica Terapéutica.

La técnica terapéutica debe adecuarse a las características de cada edad. Con los niños, previo a los dos años se hace terapia vincular dirigida a la madre y al bebé en conjunto. Desde los dos años hasta los doce años, se aplica la técnica de juego. La asociación libre del adulto es reemplazada por el juego. El niño usa un set de juguetes y materiales de escritorio que se le ofrece para jugar espontáneamente. De esta forma podemos conocer su fantasía inconsciente. El juego se ha considerado como una actividad de la mente, semejante a los sueños, y que es posible de interpretar.

Formación.

En nuestra asociación los profesionales deben formarse primero como psicoanalistas de adultos, para luego continuar con la formación especializada.
Para más detalles ver en Instituto de Psicoanálisis.

Investigación.

El método de investigación en psicoanálisis es el de caso único, no se utiliza el método estadístico. El trabajo clínico es siempre de investigación, se trabaja con modelos teóricos que permanentemente deben revisarse. La discusión en grupos de teoría y clínicos permiten avanzar en este campo.
Un campo de investigación con muchas perspectivas es el de la observación de bebés. Algunos analistas la han realizado en Chile, y desde el año 2008 ya es un requisito para los candidatos que inician su formación general de analistas en la APCH.

Reglamento:

El comité se acoge al reglamento de la IPA con el fin obtener un alto estándar de exigencia académica, a los postulantes de la formación de niños y adolescentes.

Programa de la formación de psicoanalistas de niños y adolescentes:

El programa fue diseñado para cumplir los estándares de la IPA en cuanto a exigencias, este programa considera: un año de observación de bebé, psiquismo temprano, niñez normal, adolescencia normal, patología en la niñez y adolescencia, supervisiones grupales e individuales, y una monografía de un análisis infantil y otro de adolescencia.