Devenir Psicoanalista

La palabra devenir, en una de sus acepciones significa un proceso mediante el cual algo llega a ser. Llegar a ser psicoanalista tiene que ver con nuestras raíces personales y profesionales. Devenir analista se relaciona con el concepto de evolución, de crecimiento mental.

Durante los años de formación se irá desplegando un proceso de integración en la mente del Analista en Formación, de lo experimentado intelectual y emocionalmente durante los años de aprendizaje.

Podríamos considerar que la identidad psicoanalítica empieza a desarrollarse y se materializa a partir de dos momentos: Temprano desde la infancia, a partir de una motivación espontánea por conocer la mente propia y la ajena y por comprender las propias verdades y las de los otros, ancladas en lo que después reconoceremos como el inconsciente. Y en un segundo tiempo durante el análisis personal, las supervisiones y la formación teórica del futuro analista.

La formación en nuestro Instituto, cuenta con tres pilares fundamentales, los (A)Seminarios teóricos y clínicos, (B) la Supervisión y (C) el Análisis personal.

Consiste en la discusión, de una lectura previamente leída, en que se dialoga libremente sobre las ideas de un texto. Cotejar distintos puntos de vista acerca de una misma lectura, ayuda por un lado a aclarar las ideas propias, pero también a ser tolerante con los pensamientos ajenos, aceptando las diferencias.

En los seminarios clínicos, los Analistas en Formación tienen la oportunidad de observar una variedad de tratamientos psicoanalíticos conducidos por sus compañeros/as y/o ellos mismos. Otro punto importante de enfatizar, es que podrán conocer cómo piensan y trabajan psicoanalíticamente analistas de experiencia con diferentes modelos teóricos, técnicos y clínicos.

Un primer paso para cimentar la actitud analítica, es el seminario de observación de bebés. Los/as estudiantes se encuentran en pequeños grupos para discutir la experiencia de observación del inicio del vínculo de una madre con su bebé, que realizan semanalmente por alrededor de seis meses. Pensamos que es de un enorme valor para el /la estudiante aprender a través de esta experiencia, cómo es estar en el rol del observador no participante, sin enjuiciar, con todas las emociones que envuelve la situación.

La elección de un/a supervisor/a es libre para el Analista en Formación y se reunirán ambos con la frecuencia de una vez por semana. Es sabido que los procesos de maduración y crecimiento íntimamente relacionados con el aprendizaje, despiertan emociones dolorosas y son experimentadas en diferentes niveles por ambos participantes. A medida que la supervisión avanza, se profundiza la enseñanza del “necesario estado mental” que debe lograr todo analista.

La situación de la supervisión es el lugar privilegiado para la elaboración que hace el futuro analista entre la teoría aprendida en los seminarios teóricos, la experiencia vivida en su propio análisis y sus particulares características de personalidad.

Pensamos que es de la mayor importancia que el futuro analista tenga la experiencia de ser ayudado en su propia vida para ir adquiriendo la confianza necesaria para trabajar analíticamente. Los analistas en formación requieren de diferentes rangos de tiempo para adquirir ese nivel de confianza en el método, trabajar en el marco analítico y devenir analista.

Como se ha dicho, el análisis personal es muchas veces una “tormenta emocional” atravesando los distintos niveles de procesos psíquicos en ambos participantes. Dado que nuestro trabajo tiene que ver con la realidad externa pero, principalmente con la realidad psíquica, el futuro analista experimentará vivencialmente que su realidad psíquica es tan real como la material y que ésta puede ser investigada sorteando las resistencias. En el análisis personal podrá analizar las dificultades que surjan en su trabajo con pacientes y también, sus ambivalencias respecto al psicoanálisis.

Uno de los objetivos importantes al final del análisis personal del Analista en Formación es poder separarse de su analista más consciente de quién es él y quién es su analista, junto con una experiencia profundamente liberadora como es el logro de la mantención de la función analítica en circunstancias muchas veces, difíciles.

A lo largo del ejercicio profesional, el futuro analista descubre su propia manera de analizar. En pocas palabras: el analista deviene analista en la consulta con su paciente.