Comentario pelicula "El Cisne Negro"

EL CISNE NEGRO
Director Darren Aronofsky 2010 USA

 

El objetivo de este comentario de cine es intentar abordar algunos vértices de significación de esta película utilizando la teoría psicoanalítica.

 

nota_cisneQuisiéramos referirnos a la interrelación entre lo psíquico, lo somático, y su articulación con la realidad que se despliega en la historia del personaje principal. Tal vez, esta división resulta anacrónica, considerando conceptos tales como el de psique-soma. Cuando en la vida de un sujeto las cosas marchan bien, nos resulta absurdo intentar discriminar el nivel de lo psíquico, lo somático, y lo real. En condiciones normales tendemos a pensar en la psique-soma como una unidad, y su relación con la realidad se da de modo tan natural que nada nos llama la atención. No obstante, cuando las cosas no andan bien -como es el caso de la protagonista- el mecanismo de disociación se despliega persistentemente para permitir la sobrevivencia al dolor psíquico insoportable.

 

Partiremos de la premisa que la relación psique-soma se desarrolla y evoluciona desde el inicio de la vida, en el campo relacional entre la madre y el hijo insertos en su contexto social y afectivo, y que es así cómo se configura la imagen corporal a partir de los vínculos primarios.

 

Sobre esta base trataremos de entender las disociaciones que aparecen en la protagonista, Nina, tanto en su psique-soma, como en la falta de integración de dos aspectos de su self simbolizados por “el cisne blanco” y “el cisne negro”, tomando los conceptos psicoanalíticos de las envolturas psíquicas o “yo-piel” relacionados con trastornos psicosomáticos y algunos conceptos sobre trastornos narcisísticos y fracaso de la función de terceridad.

 

El argumento central de ”El Lago de los Cisnes” según la película, es que el personaje está atrapado en un cuerpo de cisne y hace un esfuerzo por liberarse de éste. ¿Cómo es que el cuerpo pasa a ser sentido como una prisión o como un ámbito no-yo de la persona? Es central en la película que ahora nos ocupa el abordaje de la relación entre la protagonista y su madre. Se evidencia lo que podría entenderse como una relación narcisista con la madre, al quedar la hija atrapada en un cuerpo y una mente que son permanentemente invadidos por los deseos agresivos y hostiles que la madre le proyecta. La madre usa a la hija como una fuente de gratificación de sus propias frustraciones impidiendo el desarrollo de ella como un otro. Desde la protagonista, la aceptación de este tipo de relación probablemente implicó, desde etapas muy tempranas de su desarrollo, una idealización de los rasgos y deseos de la madre y un rechazo y desvalorización de su ser más genuino. Esto se intensifica en la medida que falta la función de terceridad, que es la función paterna central, que permite que se separe la díada madre-hija y abre el espacio a la experiencia y la alteridad de madre e hija.

 

Un aspecto de la relación psique-soma desplegado en la película, es la transformación de la imagen corporal que sufre la protagonista, que podría corresponder a lo que se denomina alucinación de la imagen corporal. Es así que a medida que avanza la trama vemos como sus pies pasan a ser experimentados y percibidos como membranas interdigitales, propia de los palmípedos y específicamente como son los patas de los cisnes. Podríamos conjeturar que esta alucinación es una proyección de la percepción de la fusión o falta de diferenciación. Esto también lo observamos en la experiencia de perplejidad al ver emerger en la región escapular de su cuerpo plumas. Es desde esta alucinación que se le puede dar un sentido a un acto que ella repite durante todo el curso de la película, que dice relación con el rasgarse y rasguñarse el omóplato, conducta muy propia de los cisnes para engrasar su plumaje. Esta alucinación podría comprenderse como una experiencia de extrañamiento de la realidad donde no ha entrado el tercero que abre el espacio mental, y que permitiría salir de la sensación de estar atrapado en el self de otro; en vez del tercero que abra el espacio, se lo intenta concretamente, rompiendo la piel.

 

La piel como metáfora y como realidad concreta constituye desde el inicio de la vida un modelo de continente de las experiencias corporales, psíquicas y afectivas tempranas. Desde este vértice podríamos considerar el plumaje como una segunda piel que sustituye la falta de la función de contención materna ¿Será que la protagonista necesita romper la frágil membrana-piel como una forma de separar la interioridad con lo exterior o con un otro? Pareciera que la experiencia de descontención e invasión que ejerce la madre sobre el psique-soma de Nina la determina a repetir compulsivamente la vivencia de descontención temprana, que es sustituida por la alucinación de una piel rígida que la envuelve y atrapa, pero no sostiene ni delimita, en el lugar de aquello que debiera arroparla, abrigarla y contenerla.

 

¿Será que se rompe la piel al tratar de separarse de la madre? La relación con la madre es asfixiante, no deja espacio para una individualidad propia, por lo tanto al tratar de romper la membrana, o el envoltorio que las une, al no haber espacio, se rompe a sí misma. El tercero que rompe la simbiosis es el cuchillo, la uña, pero en vez de marcar el límite, desgarra. Como no existe el sentimiento de una existencia propia, nuestra protagonista lo actúa en un intento doloroso, pero que marca un límite. Necesita hacerlo para diferenciarse de la madre.

 

El contexto de la díada madre-hija que se nos muestra en la película nos permite suponer que la protagonista ante la ausencia de una adecuada relación de apego, sin alguien disponible para reconocer y para aliviar sus angustias, crea la expectativa que la angustia emocional debe manejarse sin pedir ayuda a otros, extremando sus maniobras de autorregulación .

 

Se observa un trabajo corporal intenso y extenuante que crea una tonicidad muscular que puede funcionar psicológicamente como un caparazón protectora, como expresión de la utilización de la totalidad del cuerpo para defenderse de las angustias sin nombre o el temor al derrumbamiento ya producido pero no representado. El uso del cuerpo podría ser un intento de organizar aquello irrepresentable. Para Nina el control de su cuerpo, sometiéndolo a incansables rutinas de entrenamiento cumple una función de autorregulación. Hasta el momento de postular al doble papel de Cisne blanco/negro Nina había mantenido controladas las emociones perturbadoras, especialmente las relativas al erotismo, mediante la búsqueda obsesiva de la perfección en el ballet. Al intentar incorporar la pasión, este sistema defensivo ya no la estructura.

 

A Nina, los actos de rasguñarse la espalda hasta sangrar y el provocarse vómitos parecen ejercerle otra función auto-tranquilizante. Son tal vez intentos de evacuar sensaciones y ansiedades menos elaboradas que no logran ser representadas simbólicamente, como por ejemplo, sacarse la sensación de estar poseída por la madre. Esta función precaria de autorregulación podría ser un reflejo más de la perturbada relación madre-hija y el impacto de esto en el ámbito psicosomático de la protagonista.

 

El director del Ballet, representa al padre, al hombre, al tercero que intenta hacer la separación de la díada madre-hija; es quien le permite erogenizar su cuerpo a diferencia de la figura materna introyectada con la prohibición. Sin embargo, esta función de terceridad del director como figura paterna, también está interferida en el personaje ya que se repite el vínculo invasivo o acosador de la primera relación de Nina con su madre. Aun así, en cierto nivel, esta situación externa de ser elegida por otro distinto que su madre, le facilita a Nina el ingreso a experienciar la adolescencia: se opone a su madre y comparte con sus pares. Al darle espacio al tercero, en Nina emergen los sentimientos del triángulo edípico: los sentimientos de rivalidad, competencia y exclusión son tan intensos que no los puede contener y vomita. El cuerpo de Nina ha estado dormido en la latencia, de manera que el atisbo de la adolescencia es violento, en cuanto pulsa por expresarse la sexualidad y la agresividad.

 

Podríamos decir que la protagonista sufre una patología que podríamos enmarcar dentro del diagnóstico de la anorexia nervosa, en la cual la distorsión de la imagen corporal y las dificultades relacionadas a la integración de una identidad femenina con una agencia propia, son parte constitutiva del cuadro clínico. Resulta ineludible preguntarse acerca de la sexualidad de esta joven. A partir de los fragmentos de escenas que la película nos devela, encontramos: una escena de acoso sexual por parte del director del ballet, ausencia de figura paterna, madre controladora, dominante e intrusiva. Se observan experiencias masturbatorias interferidas por la imagen alucinada de la madre, lo que transforma una experiencia de goce y placer, en algo persecutorio y terrorífico. El experimentar placer, es significado en la fantasía de la protagonista como atacar a la madre, frustrada y envidiosa. El orgasmo y la sexualidad, un espacio privado, no existe para ella.

 

Se ha entendido la anorexia nerviosa como el “rechazo a la adultez”, que conlleva una negación de la pubertad donde el deseo de seguir siendo una niña antes de convertirse en mujer cobra un valor central. A la luz de esta mirada el acto de rasgarse el omóplato hasta hacerlo sangrar y no permitir su cicatrización, pudiera estar señalando una reminiscencia (reescenificación) traumática de una pubertad en la cual su menarquia pudo haber sido vivida como una herida corporal. Estas niñas anoréxicas perfectas, dominando el cuerpo con terror a perder el control, experimentan la vivencia pasional, como pérdida de límites, perseguidas por el fantasma de la avidez y el deseo. Por eso no puede conectarse con la pasión y ser el cisne negro, sino que se transforma en la muerte.

 

El director del Ballet insiste en señalar que su técnica es perfecta (la del Cisne Blanco), no obstante la insta a incorporar la pasión y la erotización en su danza (Cisne Negro) y en su vida (a través de la seducción). La dificultad de encarnar dentro de su identidad femenina una sexualidad integrada y pasional va resultando evidente en el transcurso de la película. La protagonista ha estado encerrada en el vínculo diádico y endogámico con la madre. Alucina a su madre como quien le prohíbe el acceso a su propia sexualidad. Al final de la película queda en evidencia el clivaje entre el cisne negro y el cisne blanco como aspectos de la personalidad de la protagonista. El Cisne blanco puede pensarse como “la niña de mamá”, la pureza de lo no sexual e infantil, reflejado también en la ropa que prefiere la protagonista y los colores que la rodean y el arreglo del dormitorio, que la hace permanecer como detenida en la infancia temprana. El Cisne negro es la posibilidad de la individuación, separación de la madre y crecimiento verdadero, pero esta posibilidad está confundida con la destructividad y la muerte, lo que hace que se transforme en un proceso irreversible observado en el modo en que la protagonista busca representar-se al bailar el cisne negro hasta morir. La individuación es mortal, la madre y la ausencia del padre dejaron a la protagonista presa, atrapada en el cisne blanco, cualquier otro movimiento hacia “ser una persona en el mundo” implica la aniquilación del self infantil.

 

El mecanismo de escisión permanente usado por la protagonista para impedir el dolor psíquico se le hace insostenible en la medida que la realidad externa le demanda nuevas tareas psicológicas. La defensa falla y ocurre la tragedia

 

Gracias a la magia del cine, como espectadores podemos imbuirnos de la realidad psíquica de la protagonista y experienciar el impacto emocional y estético de las transformaciones que sufre su psique-soma para sobrevivir al trauma reiterado del que es objeto en la relación con su madre, así como a la aniquilación progresiva de su sí mismo en la lucha por devenirse un sujeto.

 

A modo de conclusión, podemos decir que El “Lago de los Cisnes” en su versión original es una tragedia romántica, en la que el amor no logra rescatar a la reina cisne, terminando según el final que se elija con la muerte de ella o de ambos amantes. El “Cisne Negro” también es una tragedia, pero narcisista.
Nina ambiciona triunfar en el baile, impulsada por el narcisismo herido de su madre, quién la culpa de haber frustrado su propia carrera al quedar embarazada, exigiéndole tener el éxito que ella no pudo obtener.

 

A lo largo de la película vemos como Nina, frente a la paradoja de que su “perfección aséptica” la vuelve imperfecta y brutalmente presionada por la colusión narcisista madre-hija en la que vive, intenta integrar/descongelar un erotismo que sobrepasa sus mecanismos regulatorios tradicionales de tipo obsesivo. Desde ese momento en adelante observamos como la protagonista se va deteriorando hasta llegar a la psicosis franca. Sus intentos de autorregulación se tornan cada vez más violentos (cortarse, vomitar, aumentar la intensidad de sus entrenamientos) pero fracasan uno tras otro para culminar trágicamente en el asesinato-suicidio-derrumbe de su self disociado.

 

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